La Reticulárea de 1969 en el Museo de Bellas Artes de Caracas fue la primera ambientación de este tipo creada por Gego y la que inaugura el sistema estructural de retículas en el espacio tridimensional. Fue desarrollada a partir de una malla individual que la artista realizó en el mes de abril de ese año y para el mes de julio ocuparía con redes y mallas de metales diversos la sala 8 del edificio neoclásico del museo, que fue destinada exclusivamente para ella (probablemente a sugerencia de Miguel Arroyo (1920-2004) quien para ese entonces era el director del museo). De acuerdo a Gego, el título de la pieza Reticulárea fue coronado por el crítico venezolano Roberto Guevara (1932-1998), no sin antes haber pasado igualmente por un proceso en el que se contrastaron muchos términos, según testimonian unas hojas que Gego guardó en sus archivos personales. Esas páginas dan cuenta de juegos de palabras tales como “seriales”, “inagotable”, “encadenamiento triangular”, “Moleculum Gego” y “habitable”, los cuales sugerían otros significados potenciales de la instalación.

En los planos del ambiente Gego ubicó treinta y seis piezas reticulares de campo triangular, denominadas bajo una nomenclatura propia de la artista de acuerdo a la función que realizarían en el espacio dado. En el repertorio existían “columnas” (piezas verticales), “pantallas” (suerte de paredes separadoras de espacios), “hexágonos” (pieza con seis lados, como su nombre lo indica), “apliques con o sin peso” (piezas para las paredes), “columnas de doble curvatura” (piezas verticales curvadas), entre otras, distribuidas en una planta rectangular. En el techo, dos partes iguales de un liencillo blanco, unidas en el centro, cubrían todo el entramado del soporte y las argollas, así como también las luces de la sala. Gego también demarcó en los planos la circulación que el espectador podía cumplir dentro de la instalación. Las obras se proyectaban contra paredes pintadas de blanco y una pared pintada en negro, de manera que los efectos de la iluminación y contraste producían destellos sobre los alambres.

Cabe resaltar que todos los efectos que se pueden estimar en la Reticulárea en sus diversos montajes y ediciones, por tratarse de obra efímera, se desprenden del registro documental fotográfico. Por esto, la particular perspectiva e interpretación del fotógrafo cobra aquí importancia capital. Tras finalizar la exposición, la obra fue desinstalada