La exposición Gego en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, realizada entre septiembre y octubre de 1977, trajo consigo la celebratoria consolidación de Gego como una artista emblemática del arte moderno venezolano a través de la exhibición de obras gráficas y tridimensionales que constituyen, junto con las primeras instalaciones de la Reticulárea, lo más representativo de su producción artística hasta la fecha: Reticuláreas tanto de tinta como de alambre, Esferas rígidas y flexibles, Chorros (los cuales, junto con las Esferas rígidas, conformaron la única instalación de la pieza Breñal) y las series de obras conocidas como Líneas paralelas. Así mismo, contó con una extensión de las Cuerdas (1972), la estructura aérea integrada a los espacios externos del museo, en el patio del complejo Parque Central, instalada para la ocasión en la sala principal de la muestra.
La exposición Gego en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, realizada entre septiembre y octubre de 1977, trajo consigo la celebratoria consolidación de Gego como una artista emblemática del arte moderno venezolano a través de la exhibición de obras gráficas y tridimensionales que constituyen, junto con las primeras instalaciones de la Reticulárea, lo más representativo de su producción artística hasta la fecha: Reticuláreas tanto de tinta como de alambre, Esferas rígidas y flexibles, Chorros (los cuales, junto con las Esferas rígidas, conformaron la única instalación de la pieza Breñal) y las series de obras conocidas como Líneas paralelas. Así mismo, contó con una extensión de las Cuerdas (1972), la estructura aérea integrada a los espacios externos del museo, en el patio del complejo Parque Central, instalada para la ocasión en la sala principal de la muestra.

Para acompañar la exposición, el museo editó un libro sobre la obra de Gego, concebido por la misma artista, el diseñador gráfico Álvaro Sotillo y la escritora Hanni Ossott, en el que se incluyeron textos de Ossott, ilustraciones de Sotillo y más de cien imágenes de fotógrafos destacados como Paolo Gasparini, Claudio Perna y Carlos Puche, entre otros. Sin embargo, este libro no es un catálogo de la exposición. Se trata en realidad de un acercamiento comprensivo, lanzado a las profundidades del quehacer artístico de Gego entre 1957 y 1976, y en él se plantea un estudio teórico-crítico y gráfico de los sistemas compositivos con los que Gego trabajó hasta entonces.

El texto preliminar de Ossott, “La Obra: espacio de un acontecer”, nos ofrece una oportunidad para reflexionar acerca de la relación de un espectador con lo que muestra una obra que exige una participación activa, pensante, dialogante, puesto que es en el diálogo donde la obra realmente existe. Ossott divide así el tipo de obras contemporáneas que podemos encontrar: existen las que simplemente se ven y luego están aquellas que sobrevienen y obligan a incursionar en el instante presente en el que acontecen. Entendemos de inmediato que las piezas de Gego pertenecen a este segundo grupo: “Vista en su conjunto, la obra de Gego es el resultado en el espectador de la extensión del ver al mirar”, dice Ossott, “y mirar nos lleva necesariamente a la idea de reflexión, cuando el ojo, más allá de ser receptor de impresiones visuales, se encuentra obligado a acudir al pensamiento”1. De esa manera, el lector de Gego se prepara para lo que sigue: un compendio de obras tridimensionales, algunas de ellas capturadas desde diferentes ángulos, así como las ilustraciones de los modos de ensamblaje, todas realizadas por Sotillo.
Se trata, entonces, de una invitación a leer las obras de Gego en imágenes para lograr un intercambio pleno, tal y como ocurre cuando los espectadores se mueven físicamente entre los módulos de la Reticulárea o visual y cognitivamente entre los volúmenes transparentes que se delinean entre las Esferas, en los Chorros o en los dibujos, por ejemplo. En el caso de este libro, esa comunicación se da desde la página y la palabra. Lo constante es el ojo de quien ve la obra. De ahí la importancia de la fotografía y sus puntos de vista: la experiencia de ver y pensar una obra como el Globo en cubo (1967)2 puede requerir un acercamiento cerrado, muy cercano, como en la fotografía de Ladislao Racz, tanto como una mirada más alejada como la de Miró Antón. La multiplicidad de imágenes sugiere ese movimiento de acercamiento y alejamiento, así como un espectador se balancea hacia atrás o hacia adelante para admirar con mayor cuidado una pieza.

Al tener a su disposición ambas maneras de ver, los lectores también pueden aprender a ver como si se encontrasen en las salas del museo hace más de cuatro décadas, una sugerencia pedagógica también presente en el texto de Ossott. Ocurre así al notar la diferencia entre el estilo de Paolo Gasparini al fotografiar con la sobriedad de un registrador las líneas paralelas de una de las obras de la Serie de Siete (1967) y el de Petre Maxim al retratar dramáticamente las de Pequeña estructura blanca (1967). Los ejemplos en este libro son inagotables, así como son inagotables los lados desde los que se puede apreciar una obra de Gego, tal y como sucede en las fotografías que hace Gustavo Mibelli de las Cuerdas y las de Gasparini de los murales del INCE (1968) y la Reticulárea (1969).


Los otros textos de Ossott incluidos en el libro funcionan como una exploración técnica que acompaña verbalmente las ilustraciones de Sotillo. Titulados “Sistema estructural”, cada apartado identifica uno de los grupos en los que se organizaron las obras de Gego para esta publicación: Líneas paralelas (1957-1972), Líneas Verticales: Chorros (1970-1971), En base al triángulo (1968-1976) y En base al cuadrado (1971-1976). Estas tipologías fueron establecidas entre Ossott y Gego a partir de los sistemas constructivos utilizados en las obras, diferenciados por sus usos específicos de las líneas, los enlaces y las articulaciones3.

Si bien estas categorías tuvieron su principio y fin en este libro, pues la obra de Gego ha sido reclasificada posteriormente por género de obras tanto por la misma artista como por sus críticos e investigadores, volver sobre estas primeras tipologías permite apreciar esa fascinación reflexiva a la que Ossott nos convida como un hecho que acompaña las obras. De igual manera, como lo ha señalado el curador Luis Croquer3, estas clasificaciones evidencian varios aspectos de la obra tridimensional de Gego que han servido como pie para nuevas valoraciones: por un lado, las técnicas de Gego están profundamente arraigadas en el dibujo y en su exploración de esta disciplina que sirve como territorio común del arte y la arquitectura; por otro, el énfasis en los modos de construcción y ensamblaje apunta a la importancia de los materiales con los que están hechas las obras.

Como síntesis de su obra tridimensional, tanto en su concepción teórica como en su realización final, y con la subsecuente apreciación crítica, Gego es un documento que registra con vitalidad expresiva una parte importante de la historia de la artista. Con su minimalista encuadernación negra, reforzada por una brillante chaqueta plateada, este libro es una parte importante de un legado artístico que nos sigue interpelando hasta el día de hoy.
Notas
1. Ossott, Hanni. Gego. Caracas: Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, 1977. Pp. 6.
2. Investigaciones posteriores a la publicación del libro identifican esta obra como Esfera en cubo.
3. Catálogo Razonado de Gego. «Sistemas estructurales», consultado el 20 de octubre de 2023. https://catalogorazonado.fundaciongego.com/glosario.
4. Croquer, Luis. Drawing Papers: Gego’s Structural Systems. Nueva York: The Drawing Center, 2007.